
La localidad de Colonia Barón está ubicada en el noroeste de la provincia de La Pampa. Ese es mi destino. Preparo maletas con poca ropa, pilas y la infaltable camarita digital; con la que retrato momentos.
Emprendo mi viaje por la llanura pampeana. Poco a poco, el olor a tierra comienza a sentirse, ya lejos de tantos edificios de Nueva Córdoba, donde hasta desde un piso 15 es imposible implorar el horizonte. ¿Qué hubiese hecho Rodrigo De Triana mirando desde mi ventana, sin poder divisar el horizonte y gritar con entusiasmo: “tierra”?
Es de día, el sol aún golpea el paisaje. Ya lejos de las construcciones, fiel reflejo del urbanismo cordobés, el paisaje se ha transformado. Puedo ver sedientos animales en corrales, buscando un árbol para refugiarse del sol. Regalarles mi mirada me da sed.
Mis sentidos perciben cambios. Definitivamente, estoy lejos de Córdoba, rumbo a La Pampa. El olor a ladrillo, a muro y a humo de autos ha quedado varios quilómetros atrás. Ahora percibo olor a pasto, a campo. Mis ojos por fin se cruzan con el horizonte; mi tacto, a través de la ventana del colectivo, ya no percibe tanto calor, porque a medida que las ruedas me llevan al sur, el sofocante calor cordobés comienza a apagarse. El sonido también ha cambiado. Ya no escucho el timbre del E1, ni el ruido de los frenos, en plena parada de la calle Chacabuco, en pleno centro cordobés. Ahora siento un alegre cantar de pájaros, un suave ruido a motor, el murmullo de dos pasajeros que van conversando.
Entre palabra y palabra, renglón y renglón, el chofer anuncia la próxima parada. En minutos, estaré entrando a Colonia Barón, un pequeño pueblo perdido en La Pampa, donde mis pulmones se llenaron de aire por primera vez, cuando la arriesgada parturienta pueblerina, allá por mayo del ´84, grito: otro varón, señora Martínez.
Parece que llegué a destino. Por una de las calles que atraviesa la avenida principal de la localidad, alcanzo a ver un camión regador, cuasi fuente de agua, desplegando un abanico sobre la tierra seca. Definitivamente, ese viejo regador, me avisa que he llegado a Colonia Barón, provincia de La Pampa. Córdoba quedó atrás, con sus ruidos y sus aromas de ciudad.